Los dos nos fuimos de mi casa hasta la calle, donde David tenía su coche, puso mi equipaje en el maletero abriéndome después la puerta del vehículo como un caballero. Ya en marcha, le dije en qué residencia estaba mi abuela, al llegar bajé yo sola entrando en el edificio dirigiéndome a la habitación, entré viendo a la enfermera acomodandola en el sillón que tenía.
— Hola abuela, ¿cómo está? — pregunté, pero no me contestó
— No te preocupes Andrea, hoy no conoce a nadie — me dijo la enfermera
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