La sala de estar de la casa de Seda estaba en absoluto silencio, a excepción del repiqueteo constante del zapato se George contra el suelo.
El abogado apenas escuchó las conversaciones que se suscitaron frente a él luego de todo por lo que pasó. Su mente se había estancado en la última imagen de Lenis.
La mujer, su mujer (bien definido en su cabeza) se clavaó en cada retina. Y sus gritos, sus movimientos en defensa mientrar era arrastrada, se incrustaron, como estacas, en su memoria.
El pecho