Nathaniel Diamantis tenía abrazada a su adorada princesa, y a pesar de haber criado prácticamente él solo a Darriel, este último, se inclinaba más hacia su madre, ella era su adoración, la había anhelado tanto que ahora que la tenía a su lado, dándole el enorme cariño que sentía por él, se sentía dichoso
— Ya no llores mamá, ya estamos de nuevo en la mansión, ¿por qué estás tan delgada? seguro que no has comido bien, papá debió haberte cuidado mejor — el niño era ahora quien revisaba a su madre