Con una sola señal, los hombres del CEO sacaron sus armas y obligaron a las enfermeras a qué le quitarán la intravenosa a Daniela, la niña dió un gritito de dolor y siseó, la enfermera limpió la sangre que le brotó con un algodón
El doctor Fernández no se pudo confirmar, llamó a Romina para que le aclarara la situación, ella no podía irse con ese hombre que parecía un demonio, su frialdad congelaba el ambiente
— ¿Qué pasa aquí? ¿por qué gritas, Marco? — Romina entró apresurada
— ¿Dime quién de