Mamá, soy yo...
El mafioso tuvo que contenerse y no estallar ante las palabras del mellizo, lo había ofendido de muchas formas, más no podía perder la calma, de hacerlo, un niño de cuatro años lo habría vencido
El juego de ajedrez iba muy cerrado, todavía no estaba claro quien sería el ganador
— ¿No puede un hombre luchar por lo que quiere? ¿no puedo luchar por el amor de una mujer? ¿eso en qué me hace menos honorable? — preguntó el mafioso
— El que esa mujer tiene una familia y tú los estás intentando separa