Nunca fui de los hombres que fueran a bares de mala muerte. Mucho menos pagaría por sexo. No creo en eso, no disfruto como otros hombres usan a las mujeres pagándoles, sabiendo el asco que hay detrás de esa industria. Por eso es por lo que no son ellas las que me traen aquí, sino el alcohol y la clandestinidad. Ir a uno de los finos bares que suelo concurrir en diferentes ocasiones, no era algo conveniente; no cuando quiero olvidarme de todo.
—¿Qué hace un hombre como tú en un sitio como este?