Su reacción en estos momentos es un poema. No sé muy bien si se ha puesto feliz con mi propuesta o no, pero me asusto cuando ella se levanta y comienza a caminar en círculos alrededor de la pequeña mesa de café que hay entre los sofás.
—¿Es una broma? —inquiere finalmente y por mi parte me siento adecuadamente en el sofá y la miro.
—Claro que no —respondo firme.
Ella me mira de una forma extraña y yo trato de comprender lo que pasa por su mente.
—¿Y porque te quieres casar conmigo? Es decir… es