Cuando la puerta del camarote se abre, ambos cuerpos entran a tropezones, sin ver por dónde van o sin importarles siquiera. Las manos que antes tomaban sus caderas con fuerza, ahora se mueven sobre su cuerpo con libertad, buscando más allá de lo que la ropa permite ver.
Separándose por un momento, Thalía cierra la puerta del camarote detrás de ella, tambaleándose mientras el mundo a su alrededor parece desdibujarse a causa del alcohol. Sus manos tiemblan ligeramente cuando se apoya en la pared,