Cuando iban a entrar a mi hijo en quirófano, el celador paró la cama delante de Johana y de mi dándole las dos un beso en sus sonrosadas mejillas, entrando después su camita, sentándome en los sillones que había fuera. rota, destrozada y llorando sin consuelo, sentándose Johana a mi lado cogiendo mis manos
— Todo saldrá bien cariño y a Mark no le hagas caso, le han tenido que sedar un poco para hacerle la prueba, ahora mismo estaba como un poquito borracho — me dijo mi amiga riendo
— No sé Joha