— No te enfades cariño, te prometo que no volverá a pasar más — me dijo
— Si tienes la polla dura por mirarme desnuda, es tu problema no el mío — contesté
Erik acarició mi pecho con sus nudillos, mientras nos mirábamos fijamente, acercó sus labios mordisqueando mis labios.
— Te quiero Katia, te amo mucho cariño y te deseo aún más.
Por la noche nos reunimos sentados delante de una hoguera que hicieron los chicos, nos contamos historias de hospital, cosas de nuestra vida, mientras reíamos, be