La sala no solo está llena de risas, sino también del aroma del pastel de vainilla que reposa en la barra de la cocina mientras se enfría para poder ser decorado. Ian se encuentra de pie en el centro de la sala, ajustando cuidadosamente las guirnaldas doradas, mientras Alexander colocaba los arreglos de banderines a lo largo de las paredes. El ambiente se siente cargado de anticipación… y de tensión… provocada por una sola persona: Franco.
—¿De verdad vas a poner eso ahí? —pregunta mientras se