—Salí a dar una vuelta.
Franco no puede evitar sonreír internamente al ver el gesto de disconformidad que se dibuja en el rostro de Siena ante su respuesta. Pero cuando ella hace mención a la distancia y el tiempo que le toma llegar hasta allí, solo se encoge de hombros, restándole aún más importancia al tema, como si no acabara de admitir en voz alta que ha recorrido más de media ciudad y manejado por casi dos horas solo para estar allí.
—Necesitaba salir un rato —dice, manteniendo su mismo tono relajado—. Ver algo distinto.
Siena lo observa unos segundos, intentando descifrarlo. Y es que hay algo en su postura, en la forma en Franco mantiene las manos dentro de los bolsillos de su abrigo, que no encaja del todo con la respuesta simple que acaba de darle.
—Claro —murmura al final. No va a insistir, sabe que, si él no quiere decir nada, no podrá sacarle nada.
Tal vez por ello se plantea el dejarlo allí, retomar su plan del café y volver a la clínica antes de que el descanso se le esca