—Salí a dar una vuelta.
Franco no puede evitar sonreír internamente al ver el gesto de disconformidad que se dibuja en el rostro de Siena ante su respuesta. Pero cuando ella hace mención a la distancia y el tiempo que le toma llegar hasta allí, solo se encoge de hombros, restándole aún más importancia al tema, como si no acabara de admitir en voz alta que ha recorrido más de media ciudad y manejado por casi dos horas solo para estar allí.
—Necesitaba salir un rato —dice, manteniendo su mismo to