A esa hora de la noche, Victoria ya se encuentra durmiendo profundamente, acurrucada entre las mantas con una de sus manos todavía aferrada al borde de la camisa del pijama de Siena, un gesto que siempre ha tenido, como si incluso en sueños necesitara asegurarse de que su mami no se alejará de ella ni por un momento. La habitación se encuentra en semi penumbra, iluminada apenas por la luz suave que se desprende la lámpara sobre la mesa de noche. Solo a esa hora y en medio de toda esa quietud, S