SOFIE.
Había pasado una semana desde el accidente, y en este día me sentía harta de estar en la cama. Aún me dolía un poco el cuello y algunas posturas, pero definitivamente darme un largo baño, colocarme ropa de salir y maquillarme, me habían levantado muchísimo el ánimo, aunque no fuese a ninguna parte.
Adam se había ido hace tres días a Hawái y literalmente tenía su suite para mí sola, si bien su compañía para mí era única, sabía que él necesitaba arreglar su vida. Y ya era justo.
Salí de la