EMMA.
Cuando sentí que estaba recuperando el aliento, escuché ese gritico particular.
—Emma… —Andrea se soltó de Noah y caminó hacia mí tomándome del brazo—. Ven…
Quería negarme por un momento, pero cuando mis ojos observaron los de Noah, y vi su impresión, levanté el rostro y caminé con Andrea hacia él.
No tenía por qué huir, yo no era la que había mentido.
—Cariño, ella es Emma… le debo mi vida… —apreté los dientes y asentí hacia él, sin embargo, Noah no apartó la mirada de mí cuando Andrea s