EMMA.
Abrí los ojos de golpe, y me senté en una enorme cama cuando me sentí perdida.
Todo mi alrededor era desconocido, pero se trataba de una habitación amplia, lujosa, y muy iluminada.
—Buenos días… —mis ojos se fueron a esa voz, más ronca por la mañana.
—Buenos días… —Respondí e incluso noté que él ya estaba perfecto en su traje gris.
—Se te hace tarde… —moví mi cabeza hacia ambos lados.
Todos los recuerdos se hicieron presentes, pero no uno por el cual había llegado hasta aquí.
—¿Sabes dónd