EMMA.
—Emma… el señor Musk te llama… —miré a Susy con el teléfono inalámbrico extendido hacia mí, y me apresuré en tomarlo. Había apagado mi teléfono después de que Estela no dejó de llamarme luego de nuestra discusión, y aunque quería morirme, me había puesto a trabajar como una desquiciada.
—Hola… —respondí en tono bajo mientras la secretaria salió de la oficina y cerró la puerta.
—Emma… te he llamado…
—Lo siento… —giré mi silla y me levanté—. Apagué el teléfono…
—Susy me ha contado lo de ese