ADRIAN
No dije nada en toda la tarde.
Ni sobre Ava, ni sobre la sala de conferencias, ni sobre la frase que había empezado a decir y que luego abandoné como quien de repente recuerda dónde está y quién se supone que es.
La reunión legal duró noventa minutos. Hablé cuando fue necesario, tomé decisiones, firmé donde correspondía. Totalmente funcional. Completamente presente.
Excepto por la parte de mi cerebro que no dejaba de pensar en la expresión de su rostro cuando dije: *Eso no era lo que iba