Volvió a sonreír con un gesto de satisfacción.
—Perfecto. Prometo que no te arrepentirás. Prepararé algo especial: una auténtica paella española, como las que solía hacer cuando vivía en España.
Alan se movía con facilidad en la cocina, yo lo observaba desde el comedor fascinada por su habilidad. Los aromas deliciosos de la paella y el pan con tomate recién hecho llenaban el aire.
—¿Te puedo ayudar en algo? —le pregunté acercándome.
Se supone que tenía que alejarme. Será la última vez; pensé