Parecía una estúpida película de terror, pero de esas bien feas. No tenía más remedio que decir que sí. Empezó a saltar como niña, me abrazó y me pellizcó las mejillas. Me estremecí, era desastroso todo lo que me pasaba.
—Sabía que podía contar contigo. Alan nos recoge y nos deja en el centro comercial.
Empecé a reirme histéricamente, definitivamente yo necesitaba un exorcismo. Ella me miró confundida, negué y sólo dije; parecen pegotes, se van a desgastar de tanto estar juntos. Ella soltó una