Así pasaban los días, yo seguía en mi rutina diaria; las clases de la universidad, salidas los fines de semana. Mi hermana se veía muy enamorada, se la pasaba sonriendo más de lo normal, me daba gusto por ella. Se la pasaba hablando de él, pero para mí era indiferente, ni atención le ponía. Estaba en el jardín cuando llegó Vanessa ofreciéndome un zumo de naranja. La miré y sonreí.
—Estar enamorado trae sus ventajas, ¿verdad?
Se sentó junto a mí.
—¿Por qué lo dices? ¿Tanto se me nota?
—Te sa