—¿Cómo pudiste, Ale? —dijo, en un susurro apenas audible—. ¿Cómo pudiste hacerle esto a tu hermana… a nosotros? Te desconozco…
Ale, que había permanecido en silencio, decidió que ya era suficiente. Dio un paso hacia adelante, el corazón le latía en los oídos. El peso de tantas miradas llenas de odio, decepción la sacudieron, pero no iba a demostrar que le estaba doliendo.
—Basta —dijo claro y fuerte—. Esto tiene que parar.
Todos giraron hacia ella sorprendidos por su tono. Había dolor en sus o