Él sonrió malvadamente mientras sus dedos se movieron a la cremallera, empezó a bajarla un poco, abrí más los ojos y entonces él susurró.
—¿No tenías pues curiosidad de saber qué me había tatuado?
Respondí sin pensar.
—¿Me lo vas a mostrar?
Una sucia y malvada sonrisa se dibujó en sus labios.
—¿Qué? —Arqueó una ceja.
Lo miré fijamente, no me iba a dejar intimidar. Mordí mi labio inferior.
—¿Qué me quieres mostrar?
Volvió a sonreír, se bajó la cremallera y con ella el borde del elástico del b