Me guió hacia la ducha, el agua caliente cayó sobre nosotros, él tomó una esponja y empezó a pasarla con suavidad por mi espalda. Sus manos se movían con una delicadeza que contradecía la pasión en sus ojos. Cada caricia parecía una promesa y cada movimiento una declaración de deseo. Tomé la esponja e hice lo mismo, con cuidado comencé a trazar cada línea marcada de sus definidos abdominales. Sentía cada músculo bajo mis dedos, la firmeza de su piel, la calidez de su cuerpo. Sus ojos seguían ca