—Siento no haber venido ayer a la fiesta del director, estaba trabajando —explicó Raymond unos segundos después de ella colgar.
—No hay problema. —Se colocó el cinturón de seguridad y fue cuando lo vio, el carro del nórdico, detenido en una esquina muy cercana a la casa.
Todo su cuerpo entró en tensión. Raymond notó cómo ella se pegó más al asiento.
—Vaya que sí conociste a Asgard.
Ella le miró. Aún se sorprendía cómo es que ese hombre que representaba la ley podía saber de la existencia de esa