CAPÍTULO 34

—Siento no haber venido ayer a la fiesta del director, estaba trabajando —explicó Raymond unos segundos después de ella colgar.

—No hay problema. —Se colocó el cinturón de seguridad y fue cuando lo vio, el carro del nórdico, detenido en una esquina muy cercana a la casa.

Todo su cuerpo entró en tensión. Raymond notó cómo ella se pegó más al asiento.

—Vaya que sí conociste a Asgard.

Ella le miró. Aún se sorprendía cómo es que ese hombre que representaba la ley podía saber de la existencia de esa
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