Cuando Vladímir le había dicho que se arreglara, estaba lejos de esperar que ella llevara un ajustado vestido rojo gracias al cielo bajo las rodillas, si no para su mayor desgracia, mostrando los contornos altos y perfectos de su pecho lechoso.
Segunda desesperación por ver su cabello suelto a un lado sostenido por un alfiler hasta la mitad del muslo.
Sus pestañas estaban desplegadas resaltando sus ojos negros. En cuanto a sus labios, tuvo que morderse el interior de la mejilla para no ir a sab