Mundo ficciónIniciar sesiónLa cabina de interpretación simultánea del Hotel St. Regis era una caja de cristal suspendida sobre el auditorio como un confesionario moderno, donde los pecados se traducían en tres idiomas y nadie podía escuchar los latidos desbocados del corazón de Valeria Santibáñez.
Desde su posición elevada, tenía una vista panorámica del salón de conferencias: doscientos ejecutivos en trajes que costaban más que







