Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl estacionamiento subterráneo del edificio Esquivel respiraba con el silencio denso de las seis de la mañana, ese limbo entre la noche que agoniza y el día que aún no decide nacer. Las luces fluorescentes parpadeaban en intervalos irregulares, proyectando sombras que se retorcían contra las columnas de concreto como advertencias mudas. Valeria apagó el motor del Mercedes y permaneció inmóvil durante treinta segundos, las manos aferradas







