La biblioteca de la mansión Santibáñez olía a madera de cerezo y secretos de familia. Valeria observaba cómo la luz de la tarde se filtraba entre las cortinas de terciopelo, proyectando sombras alargadas sobre los lomos de libros que nadie había leído en décadas. Su madre había salido a una cena benéfica, dejándola a solas con Camila y una conversación que se había tornado en interrogatorio.
—No voy a preguntarte de nuevo. —La voz de su hermana cortaba el aire con la precisión de un bisturí—. ¿