Mundo ficciónIniciar sesión—Marco.
Mi hermano ha apoyado los codos en sus rodillas y unido sus manos, como si estas pactaran un trato entre ellas. Aquellas manos también son el sostén de su cabeza, la cual incluye un rostro cuya mirada se encuentra perdida en la textura cuerina de la espalda del asiento que se extiende delante de él.
Sus ojos no transmiten nada. Está completamente apagado.
—Marco, habla ahora que estamos solos. ¿Qué te hicieron?







