Temperamento salvaje.
Narra Matías.
Contuve la respiración, atormentado por la sensación de los labios calientes que subían y bajaban por mi polla embravecida. Se estaba esmerando, ahora, excitándome con los fuertes movimientos de su puño. Se habían acabado los preámbulos y las provocaciones. Quería que me corriera. Ya.
El deseo de tomarla y embestirla era desgarrador. La agresividad iba creciendo dentro de mí como un terremoto, obligándome a tratar de controlarme. Apreté la mano sobre la nuca y traté de hacer q