Capítulo 11. Debía sincerarse
Maya se quedó inmóvil, viendo cómo él salía del despacho sin darle una nueva ojeada, sintió un nudo en su garganta, tragó grueso conteniendo las inmensas ganas que tenía de llorar, sentía su corazón desgarrado, sin embargo, se contuvo. Después, como una autómata, se vistió y salió de allí, trató de salir a escondidas para evitar que la vieran, quería pasar desapercibida y al menos que quería encontrarse era Arion, cuando ya había salido de la casa uno de los choferes la interceptó, impidiéndole