Capítulo 12. El ladrón de Theo
Maya llegó a la mansión de los Aetós con su pequeño en brazos y las señoras de limpieza de la casa la colocaron en una habitación de servicio, la más pequeña de todas, apenas un espacio reducido de dos por dos metros, donde solo cabía una cama individual, y sin ventilación, eso la hizo ir a reclamarle al ama de llaves, mientras dejó a su hijo acostado durmiendo. Ella caminó hacia la cocina donde estaban las mujeres cenando.
Apenas la vieron, su actitud era hostil, la miraban con profundo odio,