—Solo te quedas el fin de semana, Angela —dijo secamente al sentir el peso de la maleta—. No todo el mes.
Aunque, dicho esto, Sebastian pensó que no era mala idea. Pero sabía que ella no aceptaría. Ya había presionado, exigiéndole que se quedara el fin de semana. Francamente, le sorprendió que aceptara. Aunque, por supuesto, su motivación era puramente egoísta. Quería más de lo que tanto había anhelado. Más sexo. Más diversión y juegos.
Sin embargo, el lunes por la mañana volvería al trabajo.
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