Roger observó su reloj de mano, percatándose de que las manecillas marcaban las seis y media de la tarde. Luego, a lo lejos, vio que Taylor llegaba al aeropuerto arrastrando un equipaje.
El CEO entregó a Taylor su boleto y se dispusieron a esperar la hora del vuelo. Una vez dentro del avión, Roger buscó el número de su asiento, el cual se hallaba al lado de la ventana. Taylor siguió sus pasos y, al ver que el hombre se acomodó en su sitio, el chico se sentó a su costado.
—¡Oye! ¿Qué haces? —Ro