C41: Déjalo ser.
El corazón de Roger latía aceleradamente mientras estaba sentado en uno de los tantos bancos largos de madera.
No era el único, había algunas personas dispersas en aquel sitio, quienes mantenían los ojos cerrados y pronunciaban sus oraciones en susurros.
No supo exactamente como llegó a ese lugar y, aunque no era un fiel creyente de la divinidad ni pertenecía a alguna religión, allí estaba, acomodado en medio de una iglesia, con la mirada fija en la cruz, la cual estaba suspendida en la pared