Era la mañana del sábado cuando Roger hizo una llamada al número de Taylor para que bajara de su departamento. El joven salió del edificio sosteniendo una pequeña agenda junto con un bolígrafo y subió al auto del CEO.
—¿Qué es todo eso que traes? —cuestionó Roger con el ceño fruncido.
—Ah, es para tomar notas —respondió Taylor.
Roger le arrebató la agenda de las manos y la aventó en el asiento trasero del coche.
—No lo necesitarás, solo será un estorbo —indicó.
—Nada de lo que hago le parec