Brad Kurt estaba sentado junto a la ventana del motel, con la mirada fija en el aparcamiento empapado de lluvia. Como era más fácil permanecer despierto que abandonar un sueño profundo, se había asignado a sí mismo la primera guardia. Los sucesos del día que siguieron al fallido intento de recuperar a la hija del comandante le pesaban en los párpados. No ayudó en nada que el letrero de neón de afuera iluminase los miles de millones de gotas de lluvia con colores hipnotizantes.
No podía permitir