Otra vez no. Aquí estaba ella, tratando de establecer una comunicación, y él imaginaba su muerte. ¿Cuándo iba a dejar de ser una estúpida?
—Movámonos —ordenó él señalando hacia abajo—. Hay una milla de regreso a la cabaña. Luego desayunaremos.
La dejó atrás de una zancada y la obligó a correr. Al menos, la gravedad estaba ahora de su lado.
Mientras ella perseguía su sombra, sus escalofriantes palabras resonaban en su cabeza. «Si te detienes, terminarás muerto».
¿Eso fue lo que le pasó a Mike? ¿