«Santo cielo», pensó Mike, arrastrándose en su camino de vuelta a la consciencia.
Kamila yacía debajo de él, con una sonrisa soñadora iluminada por el amanecer que se filtraba a través de la persiana cerrada. Afuera, un par de pájaros cantores gorjeaban alegres. En Jollet's Hollow, el gallo cantó. Todo estaba en paz y en calma. Solo podía esperar que los agentes que habían intentado burlarse de él anoche estuvieran profundamente dormidos.
Había llegado el momento de que él y Kamila se fueran, p