La niebla que cubría la cabaña arrojó una luz etérea sobre la cara de Kamila. Parecía un ángel. Nadie diría al mirarla que lo había pateado de esa manera. Mike tenía moretones por todo el cuerpo para probarlo.
Anoche, él necesitó toda su fuerza de voluntad para no ofrecerle su cama. Para su alivio, ella había subido las escaleras sin preguntar. Oyó crujir brevemente los resortes de su colchón y luego todo quedó en silencio. Para variar, ella se había quedado dormida como un lirón.
Dado lo duro