—Aterrice en la carretera —le pidió Kurt al piloto. Al tener licencia para volar, ocupaba el asiento del copiloto, que ofrecía una vista aérea a través del parabrisas redondeado. Todavía no había localizado al sospechoso ni a su cliente, pero, según su programa de rastreo, estaban justo debajo de él, moviéndose a lo largo del lecho del arroyo.
—¡Prepare a sus hombres, sargento! —le gritó por encima del hombro al líder del pelotón.
El sargento Malloy asintió y dio órdenes a sus hombres, sentados