—Lorena Nashville tiene visita de su abogado. —Comenta una de las guardias, que interrumpe a la mujer mientras ayuda en la lavandería del penal de mujeres.
—En un momento voy. —Afirma, mientras termina de sacar algunas sabanas de la lavadora, para luego acomodarse un poco el cabello que estaba completamente desarreglado. Parecía desencajada, quizá por la tez pálida que había adquirido últimamente; sin embargo, aún caminaba como toda una modelo, motivo para que algunas mujeres la adularan