—¡Un gusto conocerlo! —Le dice el hombre que se levantaba de su mesa para recibir a Gregory, mientras le extiende la mano.
—El gusto es mío señor Roberts. ¿Trajo lo que le pedí? —Le pregunta y el hombre asiente, entregándole una pequeña caja, con un enorme anillo de compromiso.
—Espero sea de su agrado. Fue hecho con las especificaciones que nos pidió.
—¡Es magnífico! —Exclama maravillado. Pues hace un tiempo, había hecho un pedido especial. Había mandado a hacer una joya única, aquella con