La brisa nocturna en la entrada del bar golpeaba el rostro de Seraphina Sinclair, pero el frío del exterior no era nada comparado con el entumecimiento que sentía en el pecho.
La pantalla de su teléfono se iluminó de nuevo; el nombre "Padre" parpadeaba como una advertencia.
Seraphina ya sabía lo que vendría: él no llamaba para preguntar si estaba bien tras ser humillada, sino para defender a su hija predilecta.
Respiró hondo y presionó el botón. Al instante, la voz de su padre estalló al otro l