El rugido de los flashes y el clamor de los reporteros a la salida del Palacio de Justicia se sentían como un ataque físico.
Seraphina, contestaba cada pregunta era una aguja clavada en su sistema nervioso, ya al límite por el cansancio y el secreto que latía bajo su pecho.
—¡Señora Sinclair! ¿Es ci