Julián no le dedicó ni un microsegundo de atención.
Se posicionó a espaldas de la silla de su gemela, posando una mano limpia sobre el hombro de Luvia con una firmeza que le devolvió el aliento a la joven.
—Henri, ¿cierto? —siseó Julián, inclinándose levemente hacia el muchacho de Lyon con una sonri