El hombre apretó su vaso, pero le sonreía. “Esa mujer te está mintiendo, se me insinuó muchas veces, pero la rechacé, yo amaba a tu madre, no le hagas caso a lo que dice, la empresa siempre ha sido de mi familia”.
Miranda asintió, no le creía pero decidió dejarlo. “Iré a mi habitación”.
Ella se retiró, al cerrar la puerta de su habitación escuchó salir a su padre, ella salió siguiéndolo hasta el despacho, los sirvientes seguían limpiando.
El hombre les gritó a las personas. “¡Largo!”.
Entró cer