Él sonrió mirando a Tamara desde donde estaba en el suelo. “Anda ve y dile a tu padre que te acuestas conmigo y con mi hijo, ¿Qué crees que sentirá por tener una hija golfa como tú?”.
Se levantó observando la hora en su reloj. “Recuerda que solo eres una más de mis herramientas, si no sirves, vas a la basura”.
Él se acomodó la ropa. “Además tengo a tu padre en mis manos, si quiero destruyó todo lo que tu familia tiene”.
Tamara negó. “No te atreverías”.
Él le sonrió astutamente. “¿Quieres probar