GINA.
Nos quedamos en silencio dentro de su auto, sin saber hacia qué lugar dirigirnos. Él me mira tamborileando los dedos en su volante a la espera de una respuesta, pero solo puedo pensar en sus palabras anteriores que me quitaron un poco el apetito.
— ¿Cuál es tu comida favorita? —me pregunta de repente, y yo frunzo mi ceño confundida.
— Eh… me gusta la lasaña —comento, y él asiente poniendo el auto en marcha. — ¿Hacia dónde vamos? —pregunto mirándolo.
— Al lugar donde venden la mejor lasaña